Desde la fría sala de desconexión , el cielo que se observaba anunciaba el ocaso inminente.
Cogí su cabeza delicadamente guardada y lo conecté, era tan fácil. Arrastré su cama hasta la celda que le correspondía en la colmena. Cogí su tarjeta de identificación, Obrero de clase A. Su nombre en clave. Números. 21-9-23-1-26. Qué original. Y las coordenadas de su ubicación.
- ¡Ehwaz! ¿A qué esperas?
- Ya voy, solo comprobaba que todo estuviese bien.
- Estás muy rara.
Y ciertamente lo estaba. ¿A qué esperaba? No podía dejar que se perdiera un obrero.
Miré otra vez la colmena, perfecta máquina. Cada celda, formada por un hexágono regular, para un espécimen. En la parte superior de la celda el nombre; en la parte inferior, el grupo al que pertenece; a la derecha su ubicación; y a la izquierda el teclado para introducir nuevamente los datos y asegurar que la desconexión - conexión se había realizado y el espécimen podía continuar su labor.
Introduje la cama en la celda, cerré la puerta e introduje los datos.
En unos momentos volvería al infierno de donde había salido sólo por unos momentos..
viernes, 28 de diciembre de 2012
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3 comentarios:
O_O plas, plas, plas... Lo dejas difícil jajaja... esta noche lo sueño ;)
Espero que hayas soñando bien. A ver como me lo dejas. Aquí falta participación. Y cambios de punto de vista. Otra vuelta de tuerca :p
oooooooooooooooooooooooooooooh aún nada. no, puede ser.
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