domingo, 30 de diciembre de 2012

Parte IV

El efecto de la sedación se pasa en un instante. La epinefrina entra en el riego sanguíneo, los ojos se abren y otra vez vuelve el bombardeo de estímulos.
Cuando el núcleo del planeta empezó a enfriarse se produjo la crisis. Aún no habíamos terraformado Marte y la emigración masiva de la humanidad era imposible. Estábamos condenados a morir.
Lo intentamos todo. Energia solar, energía nuclear, utilizamos las partículas de Bosón de Higgs para intentar reactivar la materia de núcleo, y lo mas peligroso de todo, usamos subcargas de antiamteria que no hicieron más que deformar el núcleo y acelerar el proceso de "Terra mori".
Entonces aparecieron ellos. Eran como nosotros, pero no eran terrestres. Habían vivido en nuestro planeta desde los orígenes, pues tal y como muchos habían vaticinado en tantas ocasiones, éramos un experimento de una orden superior. Ellos éran nuestro Dios. El creador, eterno, omnipotente... Se habían encargado de instalarse en un recodo del hemisferio derecho de nuestro cerebro, lo que nosotros mismos denominábamos "la parte del cerebro de Dios", y así nos controlaban a la mayoría. La religión fue la principal base de dominación pero cuando tantos dejaron de creer hicieron posible el milagro. El fin del mundo era inminente y Dios había regresado para salvarnos.
Muchos por fe , otros por ciencia... 1,3 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, fueron destinados a la colmena. Empezaron por presos, vagabundos, locos, ancianos, creyentes, voluntarios... El ejército no quiso participar pues la parte desconfiada del ser humano se veía venir la castástrofe.
La colmena, la gran máquina, extrae la energía vital de las personas. Se bombardea al sujeto con imágenes, sonidos, sensaciones... todo tipo de estímulos que llevan al sujeto al borde del colapso. Y entonces, esas ganas de mantenerse con vida, el deseo de que no se acabe todo en ese momento, produce la energía que se bombea al núcleo y lo hace renacer de nuevo.
Aunque todo es una excusa, ahora lo sé, Su principal interés no es salvarnos ni salvar el planeta. Ella me lo ha enseñado, no sabe que aquí he aprendido a leer sus pensamientos.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Parte III

Desde la fría sala de desconexión  , el cielo que se observaba anunciaba el ocaso inminente.
Cogí su cabeza delicadamente guardada y lo conecté, era tan fácil.  Arrastré su cama hasta la celda que le correspondía en la colmena. Cogí su tarjeta de identificación, Obrero de clase A. Su nombre en clave. Números.  21-9-23-1-26. Qué original. Y las coordenadas de su ubicación.

- ¡Ehwaz! ¿A qué esperas?
- Ya voy, solo comprobaba que todo estuviese bien.
- Estás muy rara.

Y ciertamente lo estaba. ¿A qué esperaba? No podía dejar que se perdiera un obrero.

Miré otra vez la colmena, perfecta máquina. Cada celda, formada por un hexágono regular,  para un espécimen. En la parte superior de la celda el nombre; en la parte inferior, el grupo al que pertenece; a la derecha su ubicación; y a la izquierda el teclado para introducir nuevamente los datos y asegurar que la desconexión - conexión se había realizado y el espécimen podía continuar su labor.
Introduje la cama en la celda, cerré la puerta e introduje los datos.

En unos momentos volvería al infierno de donde había salido sólo por unos momentos..

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Parte II

-Ehwaz, ¿Qué estás haciendo? ¿No has escuchado la alarma?.
-Sí...- respondí vacilante- enseguida lo reconecto.
-Más te vale, este espécimen tiene que estar preparado para esta noche. ¿Estará concentrado?
-No lo sé... He sentido...
-¿Qué has sentido?
-Nada, es igual. Sea cual sea su nivel de concentración no tiene opción, ¿Verdad?
-Nosotros no hacemos las reglas.
-Nosotros no hacemos nada... No te preocupes, al anochecer estará en la colmena.

martes, 25 de diciembre de 2012

parte 1


Me preguntaba que era todo aquello que había recorrido mi ser cuando tome  su cabeza entre mis manos.
Como tantas otras veces lo habían hecho, mi consciencia reconoció las imágenes  de su vida, sentí sus preocupaciones, su dolor, su pena… Nada de esto  me había importado antes, yo sólo hacía mi trabajo.  Pero este ser tenía algo especial,  no entendía todo aquello que había sentido, el dolor se había hecho tan intenso que no podía sentir nada. Mi ser se había protegido porque era incapaz de asimilarlo.
Busqué una explicación mientras seguía observando aquel cuerpo desconectado,  relajado, irradiando una belleza vulnerable y  los instantes se convirtieron en minutos, en horas… nada, no encontré nada relevante en aquel cuerpo.
Sí los seres humanos son tan frágiles ¿dónde radica la fuerza para soportar todo aquello que había sentido? Yo era incapaz de soportar por mucho tiempo ese peso, era cómo si mi alma fuese a estallar en mil pedazos. ¿Sería suficiente una recarga para soportarlo?  Yo no lo creía posible.  Me sentía como una titiritera que tenía en mis manos su vida,  sabía que está desconexión no cambiaría nada, sólo era eso, una desconexión, pero, ¿era justo?  Tenía el poder  para cambiar su vida pero sabía que no debía hacer nada, que no era lícito.
Empezó a aflorar en mí un sentimiento hasta ahora desconocido, …,  escuché la alarma.
El tiempo se había agotado.

domingo, 16 de diciembre de 2012

REINVENTADO EL BLOGNÓMADA UNA VEZ MÁS

Era fácil, no sé muy bien por qué, pero era fácil desmontar a los humanos.
Se les podía sacar la cabeza y después volver a colocar. ¿La razón? ¿Cuál era...? Supongo que todos esos pensamientos recargaban su sistema, y que así, liberábamos a su cerebro de tener que gobernar un cuerpo durante unas horas. Miles o millones de conexiones apagadas, incontables obligaciones aplazadas, tantas pesadillas borradas... debía ser un gran descanso.
Y fui yo la que le ayudé a descansar. Lo recuerdo vagamente pero, giré su cabeza, la separé del cuerpo y la guardé delicadamente en el recipiente específico.
Y allí estaba... su cuerpo desnudo, aparentemente inerte sobre aquella fría cama de cristal.
Me quedé observándolo durante unos instantes...