Era fácil, no sé muy bien por qué, pero era fácil desmontar a los humanos.
Se les podía sacar la cabeza y después volver a colocar. ¿La razón? ¿Cuál era...? Supongo que todos esos pensamientos recargaban su sistema, y que así, liberábamos a su cerebro de tener que gobernar un cuerpo durante unas horas. Miles o millones de conexiones apagadas, incontables obligaciones aplazadas, tantas pesadillas borradas... debía ser un gran descanso.
Y fui yo la que le ayudé a descansar. Lo recuerdo vagamente pero, giré su cabeza, la separé del cuerpo y la guardé delicadamente en el recipiente específico.
Y allí estaba... su cuerpo desnudo, aparentemente inerte sobre aquella fría cama de cristal.
Me quedé observándolo durante unos instantes...
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domingo, 16 de diciembre de 2012
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