martes, 22 de julio de 2008

A Rosita la mató la curiosidad como a los gatos.

La pequeña Rosita quería colarse en la fiesta clandestina y descubrir que se cocía en las entrañas de aquella mansión. Pero sabía que aquellas fiestas siempre estaban protegidas por algún tipo de contraseña. Así, que decidió esconderse cerca de la puerta y observar que hacían los demás invitados para entrar.
Así, llegó el primer invitado.
El vigía de la puerta le dijo: -¡dieciocho!- a lo que el invitado contestó: -¡nueve!-y la puerta se abrió.
Llegó el segundo invitado.
El vigía dijo: -¡catorce!- y el invitado respodió: -¡siete!- y la puerta se abrió.
Llegó un tercer invitado.
El vigía le dijo: -¡ocho!- y el invitado contestó: -¡cuatro!- y la puerta, también se abrió.
Así, pensando que había descubierto la fórmula, la pequeña Rosita se acercó a la puerta.
El vigía dijo: -¡seis!- a lo que Rosita contestó: -¡tres!-.
Pero el vigía sacó un arco y le disparó una flecha que atravesó su pequeño corazón produciendo en las puertas una salpicadura de velocidad que ya les hubiera gustado analizar a los del CSI.
¿Qué número tendría que haber dicho la pequeña Rosita? Y ¿Por qué?

3 comentarios:

Unai dijo...

cuatro! no digo el porqué para que piensen los demás...

La historia me ha recordado a esta escena de "Los caballeros de la mesa cuadrada"

El puente

jejej

Yol dijo...

QUE LISTO!!!!

A mí de esa peli me encantan los COCOS!! :D
De echo esta sección iba a llamarse "vaya coco" jajaja (guiño a la wisconsin), pero ya me parecía demasiado... "a mi esto me suena".

INSINUÁIS QUE LOS COCOS EMIGRAN?! Frase para la posteridad.

Arlive dijo...

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Si me ha costado pero así es.